Bebé y adulto leyendo un cuento juntos en casa. "¿Te quiero qué?"

Septiembre, y volvemos a la rutina también con los cuentos

Septiembre tiene esa cosa: dejamos atrás el verano sin horarios y volvemos, paso a paso, a la vida ordenada que nos va a llevar hasta el invierno. Vuelve el cole, vuelven las agendas, y muchas familias me preguntan lo mismo cada año por estas fechas: ¿cómo recuperamos el rato del cuento, si en verano se nos perdió entre viajes y planes sueltos?

Llevo más de veinte años contando cuentos y viendo cómo entran y salen de la vida de las familias. Y lo que he aprendido es que la rutina de lectura no se recupera de golpe, con un propósito grande de "vamos a leer todos los días". Se recupera con gestos pequeños, concretos, que se puedan repetir sin esfuerzo. Aquí van tres.

1. Elige un momento fijo, no una cantidad de tiempo

No te propongas "leer cada día veinte minutos". Propónte un momento: después de cenar, antes de apagar la luz, al volver del cole mientras meriendan. El momento es lo que se convierte en costumbre, no la duración. Puede durar cinco minutos algunos días y veinte otros; lo que sostiene la rutina es que ocurra siempre en el mismo hueco del día, no que dure exactamente lo mismo.

2. Recupera el cuento contado, no solo el leído

En casa no hace falta tener siempre un libro delante. Un cuento contado de memoria, aunque sea corto, aunque te lo inventes sobre la marcha, tiene el mismo poder que uno leído, y a veces más: exige menos preparación y se adapta al momento, te lo dice una cuentista. Caperucita, Los tres cerditos, Los siete cabritillos les sigue atrapando igual que hacía contigo en tu infancia.
Si un día no tienes fuerzas para leer, cuenta. Pruébalo, te sorprenderá. Un cuento popular sencillo, uno que te contaron a ti de pequeña. O simplemente cuéntale cómo le fue el día a un personaje inventado.
La vuelta a la rutina es más fácil si no depende de tener siempre el libro adecuado a mano.

3. Deja que el niño elija, aunque repita siempre el mismo

Septiembre es un mes de reordenar, y a los niños les da seguridad decidir algo en medio de tanto cambio. Deja que elijan el cuento, aunque sea el mismo veinte veces seguidas. La repetición no es un problema para la lectura infantil: es exactamente lo que la sostiene. Un cuento conocido, contado en un momento fijo, es una de las rutinas más estables que le puedes dar a un niño en un mes en el que todo lo demás está cambiando.

La calma antes del invierno

No hace falta recuperar la rutina de lectura en un día. Como todo lo que se construye para que dure, funciona mejor si empieza pequeño. Elige el momento, permítete contar en lugar de leer cuando haga falta, y deja que sean ellos quienes pidan el cuento de siempre.

Y si un día no sabes por dónde empezar, aquí me tienes: entre los cuentos que escribo, de tradición oral o actuales, y que voy compartiendo en este blog seguro que encuentras uno que os sirva de excusa para volver a sentaros juntos a leer.

— Sandra Araguás

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